Escribo como un autómata sin alma guiado por el olor postpoético de las lentejas que burbujean en la cocina intentando escapar de su Monte del Destino con forma de olla metálica marca IKEA. Ninguna comida sabe como la de tu madre, lo que no quiere decir, en si mismo, nada positivo ni todo lo contrario. Simplemente es diferente. Estas, tal vez, no puedan competir con ningunas otras, porque tendrán el poderoso sabor de las cosas que haces por ti mismo, inigualable e incomparable.
Huele también un poco a incertidumbre, a no saber que pasó ni que pasará ni como hemos llegado hasta aquí. A por qué nada es lo que parece y a por qué nos metemos por caminos que sabemos que nos perderán, pero imaginemos por un momento que aquello que nunca te hubieras atrevido a desear llega y te hace tan grande como nunca quisiste ser. O si. Porque a veces pecamos de modestia pero en realidad es miedo a fallar, a no llegar, a no conseguirlo o a quedarte a medio camino de mil cosas que empezaste y no podrás terminar.
Como todas las notas de despedida que nunca llegamos a escribir o todos los adiós que se quedaron sin decir. Puede que un día nos demos cuenta de que el viento que entra por todas esas puertas sin cerrar es demasiado frío y ya no podemos soportar su fuerza destructiva. Preparemos las armaduras por si acaso. [¡Dame tu fuerza Pegaso!] Dichosos los que sabemos que el corazón sólo es una simple bomba de músculos, sangre, tubos y células.
Os doy la bienvenida al bullicioso club de los que nunca saben donde está el final. Habitan en él seres extraños de todas las edades y condiciones. Se aconsejan entre ellos y se prestan su hombro para llorar las penas que se amontonan unas sobre otras acumulando polvo a lo largo de lo años.
Debe ser que he visto demasiadas películas, pero me viene a la cabeza en este mismo momento la imagen de un montón desordenado de libros apilados en un rincón de una habitación sucia y abandonada, junto a una chimenea medio destruida en una pared y unas estanterías carcomidas por la humedad en otra. Nadie vendrá nunca a organizar un poco la estancia, a separar lo inservible de lo útil, a decidir donde se reubica cada cosa, lo que se reconstruye o lo que es mejor hundir y empezar de cero.
Entre nosotros, como es obvio, no hay ningún amante del feng shui. Creo recordar que tampoco llegó a entrar ningún optimista, no es raro que Wordreference de como sinonimo de optimista la palabra ingenuo.
Qué buenos todos los enlaces, acordes con la entrada...
ResponderEliminarCurioso el parelismo que existe entre optimista e ingenuo.
Yo tampoco soy de cerrar puertas, porque el "y si", a veces, puede más que la realidad, no sé si por suerte o por desgracia, pero siempre espero esos finales que no llegaron y esos adioses que se quedaron sin decir.
Te he dicho que me ha encantado la entrada??, pues eso.
Un beso.