El miedo,
que muta sin aviso en mole tangible
y fría,
resuena con su eco en las paredes huecas
de casas vacías
son los de siempre los que ganan
con sus fauces
[hambrientas]
y sus zarpas
[afiladas].
Y tú, ingenuo y torpe,
intentas arrancar con disimulo
los hilos atados a tus muñecas
desgastadas,
ensangrentadas,
apenas sólo el hueso queda
y alejarte
del ruido que producen
sus mentiras y sus quiebras.
El mundo es el tablero
inmenso del que juega
con las cartas marcadas
de tus venas abiertas.
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