miércoles, 28 de marzo de 2012

Riverside

Continuaron paseando por la senda que seguía el curso del rio hasta que anocheció. Con el sol bostezando sobre el horizonte podian sentir el tacto del ocaso sobre sus caras y algo parecido a una sensación de pérdida a la que intentaban poner nombre. Era el silencio lo que les arropaba del fresco que comenzaba a levantar, asi que decidieron seguir callados durante un rato más, quizás hasta que ya no fuera suficiente cobijo y tuvieran que refugiarse en algún lugar más cálido. 
Recordaba el olor a la lluvia de verano, a la tierra mojada después de la tormenta. Las tardes alargaban pero el tiempo seguía pasando igual de veloz, como un destello, consumiendose a su paso, ajeno a todo lo demás y, como siempre, todo parecía una despedida más. Pero lo cierto es que ya nos les pertenecían las sonrisas, que eran imágenes lejanas de desconocidos las que sustituían ahora las fotos de antaño.
Y llegó el final. Los pasos de terminaron y la voz no se atrevío a salir. La luz era ya un artificio que amarilleaba las caras y la mente se ocupaba ahora de elucubrar las explicaciones que nunca se llegarían a materializar. Y es que suele enquistarse la tristeza en los sitios mas insospechados, mas reconditos: en el alma del afortunado, en la poesia del artista maldito, en la casa del optimista y hasta en aquel paseo que un día dimos. Por eso jugaban a estar, pero nunca estaban; jugaban a tenerse, pero nunca se tenían; intentaban irse, pero nunca se iban.

"Y hace tiempo que yo ya me fui, yo siempre me estoy yendo
Pero siempre estoy contigo, aunque aveces pienses que no hay nada
Cuando me quedo mirando como si estuviera ausente
Es porque estoy viajando, no pienses que voy a perderme."







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