Los que no pudieron soportar el hambre voraz ni el caos intrínseco de la bola de nieve.
Los jueces de gestos y los que oyen la dolorosa belleza de la verdad vocalizada.
Los que se empeñan en contradecirse mientras esperan la solución y el milagro.
Los que dibujan meridianos de tristeza sobre cuerpos de energía singular.
Los que corren a esconderse tras un papel en blanco y los que venden humo al por mayor.
Los náufragos de viajes prometidos que jamás navegarán
y los que nunca se miran al espejo ya.
Todos.
Repito. Todos.
Acudirán a la fiesta que celebrarán
los hombres que nunca entenderán de amar.
Y solo faltará
[vacio inexplicable]
Icaro con sus alas
intentando volar.
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