miércoles, 26 de marzo de 2014

her

Hola de nuevo... te escribo desde la cara oculta de la soledad. No se bien cuando recibirás esta carta, ni siquiera estoy seguro de que algún día la llegues a leer. Pero me enseñaste una vez que siempre merece la pena intentarlo...
Los días son oscuros por aquí, llueve demasiado y el viento corta la cara en dos. De un lado queda el pasado y de otro el futuro. En el medio no queda nada. No existe el presente, solo una transición entre lo que se fue y lo que vendrá y, en esa transición, pasan los días como rayos fugaces que azotan la piel produciendo pequeñas quemaduras que se superponen creando una coraza de cicatriz que recubre todo el cuerpo.
Hoy he vuelto a poner la radio después de mucho tiempo. Hay demasiada basura a nuestro alrededor. Demasiadas noticias que hablan de la misma mierda, demasiada música electrónica y demasiados mediocres para mentes mediocres. He recordado cuando subí a tu coche por primera vez y te pregunté que disco llevabas puesto en el autorradio. (Si, en aquellos tiempos la gente aún escuchaba la música en CD). Puedes conocer a una persona sólo por la música que escucha, y tu me la intentabas ocultar. 
Por mi parte, yo sigo jugando a que nunca exististe, a que todo fue un mal sueño que nunca encontró un final con el que despertar. Procuro asegurarme de que estoy vivo cada mañana y peleo por subirme al tren que acabará atropellando a todo el que se alegró de mi derrota. No es sed de venganza, es la necesidad de poner a cada uno en su lugar que me impongo como motor. 
Llevo demasiado tiempo borrando lineas de texto de baja calidad, asi que he decidido no filtrar. Escribiré como un autómata descontrolado sin ningún propósito estético mas allá de vomitar. Las letras son la excusa que utilizan los que no tienen honor ni palabra. Los que dejan sin hacer y hablan sin pensar. Los que creen hacer el bien pero siempre están mirando su ombligo.
Sigo aquí, donde siempre, los cambios son tan pequeños que adaptarse a ellos no supone más de diez minutos. El ansia por huir es ya solo una nube sobre la cabeza con la que uno se acostumbra a vivir, un amigo imaginario que vaga cerca aconsejandote pero al que nunca se le hace caso por ilusorio e infantil. Sigo devorando música y cine que me puedan ayudar a ser un poco más optimista o al menos a sentirme menos solo. Sigo buscando un camino entre la ciencia y la literatura, o quizás uno que los una. Sigo volviendo a los mismos bares de la misma ciudad con la esperanza de encontrarte. Pero nunca estás.
Sin mucho mas que contarte, me despido de ti por un tiempo. Espero que esta carta pueda llegar al lugar donde viven los seres imaginarios. Allí donde quiera que esté ese lugar...
Un beso.

 

1 comentario:

  1. Lo cierto es que no sé por qué voy a comentar esta entrada porque es tan perfecta, que no le caben, casi, ni elogios; pero tienes que saber que la he leído y que decir lo que me ha parecido es necesario cuando algo me llega tanto.
    Lo que me sorprende sobremanera es la entrada anterior y como contrapunto ESTA.
    lo cierto es que no sé si tienen que ver.
    Lo cierto es que no sé si se dirigen a la misma persona,
    lo cierto es que no sé si llegará a su destino.

    Lo cierto es que, yo que, odio el silencio y busco palabras me gustaría ser esa HER.
    Me reitero, maravillosa entrada (me ha calado hondo) y los enlaces no hacen más que mejorarla.
    Un beso!

    ResponderEliminar